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Malditos Trasgos
Capítulo 1 – El pequeño Ronnie
Lo vi entrar
desde aquel callejón. Era Ronnie Dlomenwich. Estaba tan pálido y rígido como
hace diez años, diez malditos años junto a él. Sus penetrantes ojos azules y su
pelo castaño me hipnotizaban, pero eso ya no funcionaba conmigo. Se creía que
podía volver a jugar conmigo como hace diez años, pero no, no lo haría. Yo ya
había madurado, veinte años dan para mucho, pero el aún con la misma edad que
yo, no había madurado nada.
Cuando salió de
ese callejón, me miró, y mi pesadilla había vuelto a mí. Ese maldito idiota
seguía recordándome. Me desesperé, en lo que él me saludo con una sonrisa. Le
devolví el saludo con una sonrisa falsa, falsa como su mente.
-Dichosos los
ojos, Sammantha Spiderhein- me dijo con un aire “chulo”.
-Yo no me alegro
tanto de verte.
-Tengo valiosa
información para ti, “cariñito”.
-Si es tan
importante dímelo, pero no me llames así.
Me contó que sabía
mi secreto. Y que pronto se enteraría todo el mundo si no detenía al chimpancé
estúpido que lo estaba diciendo. También insinuó que él era el único que lo
sabía, por el momento. En lo que me dijo que él era el único que podía
ayudarme, ya que el compartía el mismo secreto, tenía el mismo don que yo. Era
lo que menos me podía imaginar, y lo más terrorífico que podía suceder.
Le dije que si
no me ayudaba, que contaría su secreto, un poco de chantaje nunca viene mal.
-Shh, “cariñito”.
De mi secreto nada. Te ayudaré, pero si tu me ayudas a mí. Liney tiene nuestro
Ordo controlado. Cogerá a todos los que tengan dones, y los convertirá en
comida para trasgos, si no se hace esclavo de ella.
-¿Liney?
¡¿Liney?! Pensaba que estaba muerta desde lo del Ordo 66. Fue muy fuerte su ataque, hasta para ella.
-Si, pero el
viejo y venerable Eineo nos ayudará.
¡¿Qué estaba
pensando ese idiota?! Eineo es un viejo loco que solo sirve para dormir y echar
babas… Me dijo que confiara. Este viejo loco era un experto en el noveno don,
justo el que teníamos Ronnie y yo.
Una larga
caminata por los muros de vigilancia, saltándonos la mitad de las cámaras;
después por los bosques de Spinoper, llenos de panteras y osos. A continuación
llegamos a un oscuro y precioso camino, lleno de setas enormes brillantes, y
árboles míticos. Nos paramos allí a hacer un descanso, y Ronnie usó su mayor y
más odiada habilidad:
-Mm… ¿Te parece
bonito este lugar?
-No si lo que se
intenta es tranquilizar a una fiera.- le dije muy harta de él.
-Tranquila,
tranquila. No lo decía de esa forma…
Cuando me quedé
callada, me intentó besar. Le empujé hacia una pared y le apreté el cuello con
mi codo. Al parecer no era tan fuerte como se hacía creer. Le dije:
-¡¿Qué se supone
que te crees que soy?! ¿ Crees que soy como las otras?
- Solo intentaba
hacerte la vida un poco más feliz – Dijo asfixiándose.
Lo solté, y le hice entender, que ser besada
por un inútil es hacer de una vida la mayor pesadilla de la persona a la que
besaba. Echo una mirada al aire y dijo que siguiéramos caminando, que quería
llegar a la casa del chiflado antes de que oscureciese. En eso, era lo único
que yo estaba de acuerdo.
Caminando por
ese supuesto bosque de setas, escuchamos ruidos detrás de unos arbustos. El
camino era cada vez más y más tenebroso de lo que parecía. Nos acercamos a uno
de esos arbustos y de repente… ¡BUM! ¡Era uno de esos malditos trasgos, enviados por Liney Holewen. Normalmente los
enviaba para devorar a pasajeros del bosque de Spinoper, y nosotros éramos unos
de esos pasajeros…
Me apreté la
trenza y saqué una daga, que era la única arma que tenía encima. Ronnie, al
igual que yo, solo tenía un cuchillo. Pero nos apañamos para matar a esos
estúpidos trasgos rechonchos, verdes y con ojos grises.
-Buen combate Sammiems.- Dijo bromista y estúpido.
- No me llames
así, me llamo Sammy ¡¿vale?!.
-De acuerdo Sammiems.
-Que estúpido
eres…
Siguió todo el
camino llamándome Sammiems, Sammiscopeta,
Samenthena… Hasta que me arté y le
tiré al suelo, como si fuera un bebé con un trauma…
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